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El ex ministro de Economía de Kirchner puede ser candidato a presidente del PJ, exactamente a doce años de haber sido candidato de la UCR.

Antes que nada, quiero aclarar que yo no tengo dinero guardado en depósitos de almacenamiento ubicados en la Florida, Colorado, New Jersey o California ni mandé valijas con guita ni despaché contenedores llenos de billetes ni los escondí en ningún self storage en los EEUU.

Sin embargo, esto no parece importarle a nadie. Hubo un par de notas, comentarios perdidos o alguna que otra declaración. Pero nada más.

No se ha organizado ninguna comisión especial parlamentaria que estudie el asunto, ni tenemos delegaciones policiales o judiciales que hayan viajado de urgencia a los EEUU para investigar el listado de inquilinos argentinos de esos galpones de almacenamiento. Ni siquiera hubo un programa de televisión transmitiendo desde la puerta de algún self storage en Miami como para despabilar audiencias. Nada.

Acá vale la pena recordar que quien contó esto no era un funcionario cualquiera del gobierno anterior o un socio circunstancial de los Kirchner. Era el contador de toda la vida, el que les manejaba la guita, hacía las declaraciones juradas y les administraba los bienes.

Aunque fuera falso, la imagen es tan espectacular y creíble que cuesta entender que haya pasado desapercibida. Los que vieron la serie Breaking Bad saben de que hablamos. Una simple persiana metálica para abrir una baulera climatizada de 4 x 4 o más grande, con suficiente espacio como para guardar cientos de millones de dólares y acostarse un ratito sobre ellos.

¿Qué significa todo esto? O hay mucha gente que tiene guita escondida en los self storage de EEUU y no quieren agitar el avispero o simplemente hemos madurado como sociedad y asumido algo que siempre supimos: nos importa un corno la ley.

Como todo el mundo sabe, el Estado de Derecho y la idea de República es algo que todos dicen defender, pero en el fondo son cosas que no le importan a nadie. Y lo bien que hacemos.

La mayoría de la gente anda por ahí creyendo que el problema de los argentinos es la inflación, el dólar, el déficit o la deuda. Algunos más informados ponen el acento en el sistema impositivo, el régimen previsional o las leyes laborales.

Los más sofisticados explican que jamás hubo políticas de Estado ni proyectos económicos de largo plazo. Y los más exquisitos responsabilizan de la decadencia nacional y la incapacidad de encarar reformas a la falta de consensos y grandes acuerdos políticos. Todo esto es cierto pero insuficiente para explicar lo que nos pasa.

Mucho antes está el simple hecho de que cuando el semáforo se pone en rojo, se supone que hay que frenar, cosa que a veces hacemos y a veces no, dependiendo del apuro que tengamos y de la conveniencia en cada circunstancia.

Por ejemplo, si sale un fallo a favor de Cristina, los kirchneristas gritan eufóricos: “¿Ven? era inocente, no había pruebas”. Cuando el fallo es en contra, entonces “acá no hay justicia, ella es una perseguida política del imperialismo, las grandes corporaciones y Majul”.

O sea, la ley sólo vale cuando el árbitro cobra el penal a favor de uno. En contra es robo. Está comprado.

Esta idea vale para el semáforo, vale para Cristina y vale para la República. Si el viernes la Corte Suprema no los frenaba, los dos muñecos que gobiernan Rio Negro y La Rioja iban a intentar un tercer mandato que está explícitamente prohibido por sus respectivas constituciones provinciales, por la Constitución Nacional y por la lógica republicana de todos los planetas democráticos del Universo, salvo Formosa donde Gildo Insfrán va por su séptimo mandato consecutivo. Este caso se justifica por la prosperidad que el tipo le dio a su provincia. Ni California logró tanto.

Visto que la ley importa poco y nada, finalmente no tenemos República. Tal vez hoy estamos más cerca que antes, pero todavía no llegamos.

Y como no hay República, no hay confianza. Y como no hay confianza, por ejemplo, no hay moneda.

Tampoco hay democracia. Creemos que hay democracia porque cada tanto votamos, pero no existe democracia sin partidos políticos que la ordenen y la sostengan. Es hora de aceptar que los dos grandes del buen humor, el PJ y la UCR, han fallecido hace años.

Existe macrismo, cristinismo, massismo, sciolismo, kirchnerismo y más atrás en el tiempo el alfonsinismo o el menemismo. Tan sólo simples iniciativas individuales. Cambiemos es una alianza electoral a metros del iceberg, Unidad Ciudadana es un club de barrio disfrazado de bolchevique al que no dejan entrar a Trotsky, y el peronismo alternativo es una manera diferente de llamar a los mismos peronistas de siempre. Finalmente, el PRO es demasiado joven como para darle entidad de partido histórico. Dentro de 20 años vemos.

La mejor prueba de que los partidos ya no existen es que estamos a punto de asistir a un episodio sin precedentes en la historia democrática moderna occidental.

Hay un muchacho llamado Roberto Lavagna que está muy cerca de consagrarse candidato a presidente por el partido peronista, supuestamente uno de los dos grandes partidos de nuestro país.

Esto va a suceder exactamente doce años después de que el mismo tipo haya sido candidato a presidente por el partido radical, el otro gran partido histórico del país y adversario del peronismo. Salió tercero con el 17% de los votos, detrás de Cristina (45%) y Lilita (23%).

No hay antecedente en el mundo de una cosa semejante. No lo busquen. Es como si Hillary Clinton, candidata a presidenta por el partido Demócrata en 2016, se presentara en 2020 por el partido Republicano.

Lo bueno es que se podría ahorrar plata usando las boletas que sobraron en 2007 con un poco de liquid paper. Roberto Lavagna, presidente UCR 2007, tachas unas letras y ponés Roberto Lavagna presidente PJ 2019. Empatame esta.

¿Esto significa que Lavagna es un chanta? ¿Qué le da todo lo mismo? No. Para nada. Simplemente quiere decir que los partidos políticos tradicionales ya no existen más y están para cualquier cosa,incluida esta rareza de prestarse mutuamente, radicales y peronistas, un candidato presidencial.

Habrá que ver como sigue este tema pero en principio todo indicaría que es posible. Faltan algunos detalles burocráticos como la carta de apoyo a su candidatura que exige el ex ministro firmada por todos los representantes extranjeros ante las Naciones Unidas.

Y obviamente falta convencer a Massa de que se baje ahora, pese a que todavía él tiene más votos que el otro. Un timbreo de Lavagna por La Matanza es durísimo: “¿Mamá, quien ese señor de saco, corbata y sandalias que está al lado de Tinelli?”.

Justamente para mejorar su popularidad, se le sumaría Marcelo Tinelli como candidato a algo, o como simple promotor de su candidatura. No sé para el país, pero para esta página sería una gloria. Imaginate. Tinelli deambulando por el conurbano, poniendo cara de angustia por la marginación provocada, entre muchas otras cosas, por la guita de la nafta que era para el Estado y que se choreó su socio, Cristóbal López.

Finalmente salió Moreno a decir que Lavagna es su candidato de unidad, para felicidad de Lavagna.

Por más que uno quiera ponerse serio, todo en la Argentina termina siendo una gran joda.

Hasta acá la charla. A la carga va Lavagna para alcanzar la hazaña. La más amada para la banda va a La Habana para amagar. Acá la plata alcanza para nada. Falta tarasca. Falta changa. ¿Andará? Anda a cargar bananas a Madagascar. Macra Gata.

A la carga va Lavagna para alcanzar la hazaña (Por Alejandro Borensztein) Clarin.com

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