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Juan Carlos Romero alias “el mono” en principio ordenó llevar el conflicto con los choferes hasta las últimas consecuencias. Es que, sin competencia y comprado el gremio, siempre le dio resultado “tomar de rehen al usuario”. Esta vez no.

La mora salarial de 11,4% más los 3 mil pesos de aguinaldo que la Empresa Romero Sociedad Anónima -E­RSA- ejecutó sobre el pago de más de dos­cientos de sus chofe­res este semestre totaliza, aproximadame­nte, menos del 1,9 por ciento -1 millón 750 mil pesos- de los 87 millones 646 mil 250 pesos que la misma cobró entre oct­ubre y noviembre por compensaciones del Ministerio de Transp­orte de la Nación a través de caja direc­ta y de la Provincia y de la Municipalid­ad de Corrientes, sin contar su recaudac­ión diaria de pasaje­s.

Los choferes se cansaron de la vieja estrategia que siempre “consensuaron en cuatro paredes el monopolio y la ya prostituida con acceso carnal UTA”. Suárez y su séquito cerrado de 10 choferes que no trabajan cobijados en la actividad gremial, fueron los únicos privilegiados de esos arreglos extorsivos.

El secuaz Harfuch, que desempeño el mismo rol que Gustavo Larrea en el periodo anterior, a cada paso argumentaba que “si no hay aumento del boleto no podemos cumplir los compromisos salariales”. Era toda una mentira de patas cortas y como toda media verdad siempre estaba acompañada por una medida cuasi delictiva. La extorsión. La trampa.

En el medio, ERSA y UTA se olvidaron de un eslabón imprescindible para que la extorsión y el apriete funcionen. Se convencieron que el usuario no podría “protestar en masa”, pero obviaron el poder de los choferes organizados sin la complicidad del gremio entreguista.

La Municipalidad con funcionarios funcionales sin cintura en la gimnasia de la política eligió esconderse. El Concejo Deliberante lejos de los vecinos, sin embargo dió la cara o bien rápido levantó la mano. La mayoría de ECO-CAMBIEMOS aprobó la primera lectura para llevar el costo de boleto a 20 pesos, y tiró un salvavidas de plomo al monopolio.

Soberbio y con el mote de la UTA corrupta, Suárez fue a apretar a sus compañeros en plena protesta. Salió apretado entre sus pocos seguidores para que no lo linchen. Sus compañeros del volante le dijeron en la cara que “ya no los representaba”, y como mago frustrado porque su truco fue descubierto se refugió en el saco caliente de ERSA.

A horas de cumplirse una semana sin colectivos urbanos en la ciudad, los familiares debieron marchar hasta la Municipalidad que fueron recibidos por funcionarios funcionales “que nada podían hacer”.

Y de repente “apareció toda la plata junta”. El monopolio recibió un tirón de orejas del Gobierno y le advirtió que “de escalar el conflicto el desenlace podía tener costos impredecibles” ya en otros ámbitos.

El “mono” Romero acusó el mensaje, escarbó en sus cuentas millonarias y pagó al 70 por ciento de los empleados bancarizados y al 30 restante que está en negro. Todos cobraron lo que reclamaban.

Ya hay servicio nuevamente. Pero el conflicto no terminó.

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